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ZONA FRIA: Primer round por Zoom. Perdimos todos.

Zona Fría Bahía Blanca

Ya sabemos que este proyecto apunta a reducir tarifas de gas en diferentes distritos, pero a nosotros nos importa en Bahía Blanca donde el frío no nos da respiro. Debería ir todo bien. Debería tratarse, aprobarse y chau. No es así.

En política siempre hay un pero. Y ese “pero” implica rosca política y militante. Y detrás de esa rosca hay intereses partidarios -mucho más en un año electoral-. Finalmente, detrás de esos intereses partidarios -siempre- hay una sumatoria de intereses y beneficios personales.

El proyecto de ley fue presentado por Máximo Kirchner. No significa que Máximo haya redactado todo el proyecto. Eso no existe. Se pone el nombre a proyectos de ley hecho por otros, generalmente gente que sabe. Quien conozca los pormenores de cómo es todo allá en La Plata, sabe que si alguien aparece como autor de un proyecto de ley, hay enormes posibilidades de que no haya redactado ni un artículo de ese proyecto.

Varios legisladores han hecho carrera de esa manera. Pero al común de la gente no nos importa. Si una ley es buena y nos beneficia, el nombre del autor o quién escribió el proyecto es lo de menos.

La cosa es que este proyecto de Zonas Frías, en un año electoral es atractivo: promete reducción de tarifas de gas. Pero hay letras chicas. Aparentemente, los de Juntos por el Cambio se sacaron las lagañas y se levantaron con ganas de trabajar un ratito. Pues leyeron esa letra chica.

Las críticas principales: el sustento económico, la elección de las zonas beneficiadas, el aumento del consumo de gas.

La diputada mendocina Jimena Latorre manifestó: “El proyecto de zonas frías es discrecional y no se funda en criterios técnicos y objetivos” porque “hay regiones que por sus condiciones geográficas, térmicas y productivas ameritan una tarifa diferencial, teniendo en cuenta a su vez la capacidad de pago de los usuarios, pero este proyecto no respeta ninguno de esos criterios y dejan abierta la puerta para discrecionales nuevas incorporaciones, con un solo criterio: el interés electoral del Frente de Todos”.

“Los afectados seremos todos los Argentinos que lo pagaremos con mayor inflación, la industria y la producción, que es la que genera y sostiene con muchísimo esfuerzo las fuentes de trabajo y lo que es más grave, los que no son usuarios de gas natural, la enormísima cantidad de argentinos que aún están excluidos de la red y con sus garrafas subsidiarán a quienes ya tienen subsidios”.

En el mismo sentido, el legislador radical Fabio Quetglas afirmó: “¿Han calculado cuanto será el delta de aumento del consumo a partir del subsidio? Eso determinará una aumento de las importaciones de gas a un precio que la Argentina no determina”, advirtió.

Fueron muchas las críticas de la oposición.

El encargado de bancar este proyecto fue el interventor de ENARGAS, Federico Bernal quien con un discurso militante fustigó a la oposición por la política tarifaria implementada en el gobierno de Mauricio Macri, “protagonista de los tarifazos de gas y luz, empobreció a los argentinos energéticamente y en 2019 cuando dejó el gobierno, 3 de cada 10 argentinos no podía pagar el servicio, lo tenía cortado y estaba endeudado”.

Breve recuerdo: con Macri se logró que, luego de 10 años de operación, el buque regasificador se vaya, con la ilusión que indicaba que la Argentina mejoraba sus niveles de producción de gas local y dependía cada vez menos de las compras en el exterior.

Con Alberto Fernández, volvió al puerto de Bahía Blanca el buque regasificador, necesario para pasar el gas natural líquido (GNL) que se importa a estado gaseoso, e inyectarlo en el sistema. Volvimos a comprar gas de afuera.

2018, despedida del buque regasificador

Sigo con la defensa del interventor de ENARGAS al proyecto de Máximo Kirchner: “El criterio fundamental de esta ley es llevar el beneficio a aquellas regiones del país que necesitan un respaldo, ya que viven en zonas donde durante el año tienen una mayor necesidad usar el servicio público de gas por redes”.

Y allí comenzaron las críticas tribuneras típicas de la grieta que no llevan a ningún lado. Que eso pase en Twitter con usuarios defensores de cada bando está bien. Ahora, que lo hagan legisladores cuando tratan proyectos serios cansa un poco.

Conclusión, fin de un primer round. Este miércoles habrá una reunión presencial para la firma del dictamen, que apriori, tendrá un debate intenso. Vamos a llegar al invierno del 2040 y todavía estarán debatiendo. Esperemos que no.