¿Por qué la economía argentina es la más frágil de Latinoamérica?

Economía argentina

En una encuesta a la que tuvimos acceso de manera poco ética, Portalbahiense.com pudo “pispear” que ECONOMÍA es uno de los temas que a los bahienses más les interesa para informarse. Como no entendemos absolutamente nada de economía pero tenemos que generar contenido para que nos conozcan, vamos a convertirnos en expertos en la materia.

Me eligieron a mí para escribir. Igual soy el único que hay. Como “especialista en cosas”, tomé un informe neutral sobre el tema, lo analicé, intenté entenderlo y no hubo caso. No entendí una goma.

Así y todo me puse a escribir/robar para explicar las razones de por qué somos de las peores economías de Latinoamérica. Solo nos supera Venezuela.

Si dejamos a un lado el caos de Venezuela, Argentina tiene la situación económica más frágil de la región y según la agencia Standard and Poor’s Argentina está entre los 5 países del mundo con la economía más frágil y es el segundo país en Latinoamérica después de Venezuela, que genera menos confianza entre los inversionistas extranjeros.

Ahora, ¿qué significa frágil? La fragilidad económica se basa en cuestiones bien técnicas, pero se puede reducir a que los inversionistas extranjeros, que son clave para economías emergentes como las latinoamericanas, no confían en el país y eso pasa con Argentina porque, entre otras cosas, no se tiene claro cuál es su modelo económico.

La mayor prueba de la fragilidad de Argentina es el desplome del peso que ha perdido su valor en los últimos años. En un contexto internacional complicado las monedas de todas las economías emergentes cayeron pero ninguna otra cayó tanto como el peso argentino.

A comienzos del siglo XX, Argentina fue uno de los países más ricos del mundo, sus habitantes eran más ricos que los franceses o que los alemanes. Sin embargo, en las últimas cuatro décadas su economía tambalea entre dos modelos muy diferentes, uno basado en la industria local y otro entregado a los mercados internacionales.

El resultado de esa falta de rumbo claro ha dado con hiperinflaciones, devaluaciones, fuga de capitales y aumento de la pobreza. ¿A qué se debe esto? Primero, a diferencia de países con políticas económicas que sobreviven a los gobiernos, cosa que pasa más o menos en América Latina en las últimas décadas, los gobernantes argentinos cambian de modelo cada 10 o 15 años.

Uno cierra el país, el otro lo abre indiscriminadamente, uno impone controles, el otro desregula todo, uno fomenta las importaciones y el otro las prohíbe. Con eso, los problemas de la economía, llámense devaluación o inflación, han tenido buenos y malos momentos, pero nunca una solución a siquiera mediano plazo.

Y segundo, los famosos déficits. Por un lado, Argentina tiene un histórico déficit de cuenta corriente, es decir que gasta en bienes y servicios más de lo que recibe. Eso pasó en 30 de los últimos 40 años.

Este déficit genera lo que muchos llaman la restricción externa, es decir que no hay suficientes dólares para sostener la economía, sea por fuga de capitales o pago de deuda.

En Argentina el desequilibrio es la regla y eso genera desconfianza y sobresaltos en la moneda local, por eso es que el dólar es el único referente de estabilidad en el país, por eso es que cosas como los autos, los inmuebles o los electrodomésticos están valorados en dólares, por eso es que los argentinos ahorran en dólares.

Y por otro lado está el déficit fiscal, que es que el Estado gasta más de lo que recibe, el dinero que se va en salarios estatales o asistencia social es más del que entra, que es sobre todo de impuestos y de multas.

El déficit fiscal argentino no solamente es uno de los más altos de la región, también es el más viejo: en los últimos 117 años hubo déficit fiscal en 107 de ellos.

Hay tres formas de pagar por ese hueco: imprimiendo billetes, con el riesgo de generar inflación, endeudándose, con el riesgo de no poder pagar y dar con un descalabro de la economía, como ya pasó tantas veces en este país, o subiendo los impuestos, pero la carga tributaria en este país ya es una las más altas en la región.

Millones de argentinos dependen del Estado para sobrevivir y recortarles la asistencia los deja casi literalmente en la calle. Lo cierto es que en los últimos 40 años, Argentina no ha podido resolver sus problemas económicos y sigue siendo tan frágil como una cáscara de huevo.