Las macetas del microcentro, la plaga de los autos y algunas cosas más

Macetas en Bahía Blanca

Señores y señoras finalmente quedó atrás esta campaña electoral falta de ideas, opaca, aburrida, sin propuestas pero con mucho picante de parte de quienes necesitaban ganar votos.

Fue tan chata la campaña que aquellos que necesitaban imperiosamente el voto –hay excepciones claro– en vez de formular propuestas concretas se dedicaron a criticar a un Juntos por el Cambio que, gracias a la comodidad de haber sumado una notable cantidad de votos en las PASO, no hizo campaña.

O no hizo tanta campaña. O no se puso el chip de campaña, como en el 2015, 2017 o 2019.

Y una de las protagonistas en el tramo final previo a la veda electoral, fueron las macetas que ya todos conocemos. Y sobre eso voy a escribir en este artículo.

Macetas en el microcentro

Ahora que se terminó todo este circo electoral las voy a defender porque sirven.

En realidad no voy a defender a las macetas en sí, sino a la idea que hay detrás porque es fácil reducir la crítica a las pobres macetas y decir que es superficial ponerlas es no entender la realidad de lo que está pasando.

Grave en una concejal que es candidata a renovar su banca por 4 años más.

Claro que podés opinar que hay otras cosas más importantes en las que gastar o que quizás estéticamente no sean de tu agrado. Pero sirven. De nuevo, no me refiero estrictamente a las macetas, sino al plan que hay por detrás.

¿Por qué?

Porque detrás de esas macetas hay una intención: que el peatón sea el protagonista en el micro y macrocentro. Que las bicicletas o los medios transportes alternativos compartan ese protagonismo con el peatón. Y que también exista lugar para el transporte público, con sus carriles propios.

¿Y el auto? Hay que sacarlo del microcentro.

Yo manejo y cada vez me enojo más con lo mal que conducimos los bahienses. Muchos pensarán que debe existir alguna clase de impuesto a los guiñes y por eso nunca lo ponen.

Por supuesto que no es fácil acostumbrarse a los cambios que se hicieron y los que se vendrán.

Pero para esto es clave proveer un sistema de transporte público eficiente. Probablemente deba trabajarse aún más en este sentido. La realidad demuestra que este sistema da pérdidas. Hay que promover y mejorar mucho más el transporte público. Eso es lo que escucho y leo de los mismos usuarios.

Yo no uso el transporte público así que solo puedo transmitir críticas de los que sí lo utilizan.

También es cierto que hay detrás una cultura súper arraigada o una forma de ser que será difícil de quebrar porque es complejo para nosotros los bahienses acostumbrarnos a no poder estacionar en la puerta o a pasos de cualquier destino al que queramos ir del centro.

A pesar de todo cambio, los autos siguen siendo los dueños del mayor espacio en las calles de Bahía Blanca.

Autos que circulan a alta velocidad para llegar al amarillo del semáforo y que, sumado a que todavía no hay una infraestructura adecuada, se convierten en escenarios fatales en muchos casos.

Han intentado invertir este paradigma dominante en el 2012 durante el gobierno de Gustavo Bevilacqua y no lo han logrado. El bahiense no es un público fácil.

Se está intentando nuevamente ahora y, a pesar de que sabían que iban a sumar muchos insultos, lo están llevando adelante porque es necesario en una ciudad plagada de autos (tenemos un parque automotor bahiense duplica al resto del país).

El daño que provocan tantos autos circulando por las calles asfaltadas contribuyen a que se generen los innumerables baches que podemos observar en Bahía Blanca. Es un problema de larga data y de varias gestiones.

Por eso, la plaga de autos en Bahía Blanca no genera solo embotellamientos, sino que contribuye a la generación de baches. Repito la idea por si no quedó clara:

Bahía cuenta con 616 vehículos cada 1.000 habitantes y ese número la pone en el quinto puesto del ránking mundial, que lidera ampliamente Estados Unidos con 965 vehículos. Lo siguen de lejos Luxemburgo con 686, Islandia con 658 y Australia con 619.

Estamos compitiendo con países enteros en ese ranking. ¿Se entiende?

Y no lo digo yo que soy un simple ciudadano que se hizo un blog de noticias y que, de vez en cuando, escribe y opina que hay que alejar al auto del microcentro.

Sino que se trata de una tendencia mundial recomendada por infinidad de especialistas para que las ciudades busquen generar más espacio de tránsito para peatones.

Michael King es un especialista en diseños de calles y espacios públicos reconocido mundialmente. Para él, agrandar las veredas “obliga a los conductores a bajar la velocidad y los peatones están más protegidos

¿Conocés el concepto “Forgiving streets” (calles indulgentes)?

Partiendo del reconocimiento de que siempre habrá un error humano, la infraestructura urbana debe tomar en cuenta ese potencial error desde su diseño para proteger al peatón y a los más vulnerables.

Buenas prácticas incluyen la pacificación de las calles con zonas de menos de 30 km/h reduciendo el ancho de carriles y ampliando las veredas a los peatones y ciclovías a los ciclistas, una buena señalización, cruces de vías más cortos y con pasos cebra a nivel de las veredas.

¿Les suena conocido?

Las buenas prácticas le sacan necesariamente espacio a los autos y se lo entrega a los peatones.

Ciudades para la Gente

El reconocido arquitecto y urbanista danés Jan Gehl en su libro “Ciudades para la gente” dice que los recientes estudios realizados por ONU-Hábitat informan que las ciudades de los países en vías de desarrollo cuentan con una cuota muy reducida de territorio para destinar al espacio público, la conectividad y las calles.

Es que hace ya varias décadas que la dimensión humana ha sido minimizada como una cuestión a atender dentro del planeamiento urbano, mientras que otros temas, como el manejo del constante aumento del tráfico vehicular, han pasado a ser primordiales.

Una característica común a casi todas las ciudades del mundo —independientemente de su ubicación, condición económica y estado de desarrollo— es que las personas que aún continúan usando el espacio público han sido bastante maltratadas.

Los obstáculos urbanos, el ruido, la polución, la poca cantidad de espacio, el riesgo de accidente y condiciones de uso casi siempre deplorables son el panorama general con el que deben enfrentarse los usuarios en la gran mayoría de las ciudades.

Ciudades seguras por diseño

¿No alcanza con la opinión de este reconocidísimo urbanista y arquitecto?

El Instituto de Recursos Mundiales (WRI por sus siglas en inglés), titulada Cities Safer by Design, publicó una “guía de referencia mundial para ayudar a las ciudades a salvar vidas de víctimas mortales de accidentes de tránsito a través de la mejora del diseño de las calles y el desarrollo urbano inteligente

Entre las recomendaciones principales que se encuentran en la publicación, se destacan: la reducción de velocidad de los vehículos, la instalación de herramientas para disminuir la velocidad del tránsito, el diseño de cuadras más pequeñas y calles más estrechas, la elevación de los pasos peatonales y la instalación de islas para el refugio de peatones. Esta última sugerencia, por ejemplo, proporciona un lugar seguro para los peatones al cruzar las carreteras.

De unos o de otros, todas las recomendaciones coinciden.

Bahía Blanca

Una de las grandes críticas, utilizadas en campaña como chicana, fue que “estas cosas no se pueden aplicar en Bahía que es una chacra asfaltada y con baches. Las macetas dejenlas para New York, Washington o en ciudades grandes europeas”.

Es un grosero error pensar así. Pero se entiende que en épocas de elecciones sea muy bien utilizado para sumar votos.

Pero no es un capricho que tuvo un funcionario de esta ciudad, sino que se está comenzado a dar en todo tipo de ciudades porque dar preferencia a los peatones, a la movilidad alternativa y al transporte público involucra razones de seguridad vial, de salud, de medio ambiente, económicas, sociales, culturales y un largo etcétera.

Hay miles de casos que se están dando y no son ciudades como New York:

Paraná
San Fernando
Tunuyán
Lima

Conclusión

Para darle un fin a este artículo, solo espero que los funcionarios que están llevando adelante estos cambios no se dejen presionar por las críticas como en el 2012. Solo deseo que este cambio de paradigma que va a llevar tiempo para que se concrete y de todos sus frutos, siga su rumbo.