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La indiferencia es complicidad. Denuncia la trata

Día Mundial contra la Trata de Personas

Por Dra. Florencia Italia Iantosca – Abogada, Terapeuta en Biodecodificación

Hace unos días en la esquina de la calle Chile y Av. Colón aparecía un mural en homenaje a Diego Maradona. Un hermoso mural salvo por un detalle: tapa otro mural realizado por la asociación Bahía contra la trata para concientizar sobre el flagelo de la trata en una esquina conocida históricamente por la prostitución.

Posiblemente muchos/as se preguntarán ¿Qué es la trata de personas? Lo primero que tenemos que saber es que la trata es un delito complejo, pues intervienen distintas personas en una red: desde la persona que contacta a la posible víctima, la que suma a la víctima a la red, a veces también la que la acompaña en un viaje (para sacarla de su lugar de residencia) y la que la explota con diversos fines.

Cuando decimos que se “explota” a la víctima, se suele asociar a una palabra que para muchos/as ya es parte de la historia: la “esclavitud”. Cómo bien sabrán los/las lectores, la esclavitud fue abolida formalmente en el siglo XIX; sin embargo, podemos afirmar que la trata de personas es la esclavitud del siglo XXI.

En el delito de trata, los delincuentes “tratantes” captan a sus víctimas para someterlas a diversos tipos de explotación:  sexual, laboral, matrimonio forzado, extracción forzada de tejidos y órganos, “pornografía infantil”. Es una violación de derechos humanos gravísima pues afecta la dignidad, la libertad y la integridad de un ser humano.

Posiblemente, muchos/as piensen que este delito es algo ajeno a nuestra sociedad, que solo pasa en las películas. Sin embargo, la trata está muy cerca de nosotros/as, solo hace falta correr el velo, abrir los ojos. La víctima puede ser cualquier persona, y más aún las mujeres y LGTBI+.
En general, los tratantes investigan a aquellas posibles víctimas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad, no solo material, es decir, carencias económicas, de alimentación o vivienda); sino también carencias afectivas (vínculos de afectos frágiles, sentimiento de soledad) y de conocimientos en materia de derechos.

La mejor forma de ejercer un derecho es conocer la existencia de ese  derecho.
Retomando la situación en nuestra ciudad, lo cierto es que Bahía Blanca es considerada como un lugar de tránsito en estás redes de trata y también como un lugar de explotación sexual.

Primera aclaración importante: el Estado no sanciona penalmente a las putas ya que las considera víctimas de este delito.
Segunda aclaración importante: el Estado (y la sociedad) debe trabajar para evitar la revictimización de estas personas y, especialmente, para que puedan salir del estado de vulnerabilidad. Esto significa garantizarle los medios para subsistir hasta que se recupere física y emocionalmente, brindar apoyo psicológico, médico y jurídico.

Tercera aclaración importante: como sociedad podemos hacer, y mucho, para erradicar esta forma de esclavitud. En primer lugar, cuando veamos en la calle a una puta, no juzgarla por su ropa o maquillaje. En cambio, debemos preguntarnos ¿Cómo fue su vida que ahora es prostituta? ¿Tendrá familia? ¿Necesita ayuda? En definitiva, es necesario comprender la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra y, en la medida de nuestras posibilidades, ofrecerle ayuda.

En segundo lugar, debemos educar a nuestros jóvenes: sin varones prostituyentes, no hay trata. Enseñar a respetar y comprender al otro/a. Informarse sobre la trata de personas y leer a las sobrevivientes como Alika Kinan o Sonia Sánchez, quienes mejor que ellas para explicarnos de qué se trata la trata.

Por último, denunciar a la línea 145 cualquier situación extraña: esa casa/departamento que funciona como bulo, que forma parte de lo cotidiano y, sin embargo, puede esconder situaciones de explotación gravísimas; o ese anuncio laboral con pagas y beneficios excepcionales, que puede ser la vía de captación a posibles víctimas.


Se trata de esclavitud. Y la indiferencia como sociedad nos hace cómplices de un delito.
Denunciá la trata: línea 145, anónima y gratuita.