fbpx

El fanatismo político en pandemia

fanatismo politico

Desde la mirada del español Enrique Echeburúa catedrático de Psicología Clínica, el fanatismo se puede ver como una adhesión intolerante a unos ideales (políticos, étnicos o religiosos) capaces de terminar en conductas destructivas.

Hay en el fanático una combinación de componentes afectivos (la exaltación emocional), cognitivos (el valor absoluto de las creencias) y comportamentales (las conductas impositivas contra quienes piensan distinto). En el fanático predomina lo emocional por sobre lo racional. En psicología se lo conoce como “pensamiento mágico”.

Los fanáticos, que siempre creen tener razón, cargan su pensamiento de odio para compensar su falta de racionalidad. El fanatismo supone un ahorro de energía psicológica porque no requiere de ningún trabajo intelectual, no se cuestionan las ideas.

Los fanáticos son personas elementales intelectualmente, con un pensamiento dicotómico a nivel cognitivo (las ideas o las personas son buenas o malas), a nivel emocional (empatía solo con el endogrupo) y a nivel moral (valores compartidos solo con el endogrupo).

Los fanáticos son personas incapaces de trascender su sistema de valores o creencias, que hipervaloran lo propio y desprecian lo ajeno”.

Más allá de las definiciones de este profesioanl español, no hace falta ser psicólogo, psiquiatra, cientista político o sociologo para entender aspectos fundamentales de esa concepción.

Con ver dichos y hechos del fanático podemos entender a lo que nos referimos.

El ejemplo más evidente del fanatismo lo vemos, sin duda alguna, en la pandemia.

Mientras que durante años el militante populista (ciudadano en general, político, periodista o cualquier otro profesional) se mostraba como el paladín defensor de los pobres, hoy defiende la cuarentena a ultranza y sostiene que la economía viene después y que de la pobreza se sale.

Desde el otro lado del muro, quienes destruyeron la economía poniendo trabas al emprendedor, a las PyMEs, a la clase media, están en contra de la cuarentena defendiendo la economía y a los comerciantes. Ahora suman voces los libertarios, con la defensa de la libertad.

Esta doble moral, hipocresía, justificación absoluta, ceguedad y advocación al relato, son la rotunda muestra de la complicidad y las características compartidas entre un fanático religioso y un fanático político.

En ese sentido, si hay algo que podemos reconocer en el fanático, ya no es solamente la justificación de cada accionar de la propia ideología o el odio a cada acción del “rival” sino que, por sobre todas las cosas, si hay algo que lo identifica, es la incapacidad de criticar cualquier acción realizada por los propios.

Estamos viendo los resultados, pero se los justifica. Hace unas hora nos enteramos de que un gremial que se HABÍA DECLARADO CULPABLE, fue absuelto por la justicia. Y se lo justifica. Y se lo festeja.Siempre hay una justificación, nunca una crítica.

Siempre hay algo que le da la razón al relato oficial, aún cuando eso contradice al propio relato oficial de hace 1 mes, 1 día o hace 1 minuto. Siempre se puede cambiar de opinión porque, como dice el refrán, “si no te gustan mis principios, tengo otros”.

Y de esto, nuestro actual presidente puede dar cátedra.

No quiero, con este artículo que oficia como descarga personal, odiar a los fanáticos políticos. Yo estuve ahí. Estuve en uno de los dos lados del muro. A decir verdad, no sé qué quiero lograr con este post. Quizás sea solo para descargarme porque me tiene cansado el hecho de que se defiendan a los políticos como si fuesen nuestros familiares o amigos.

Si te sentís identificado con este artículo y te enojaste, lamento decirte que sos un fanático.