Asociación Bernardino Rivadavia: vecinos obsesionados con difundir el conocimiento

Biblioteca Rivadavia Bahía Blanca

En la época sobre la que trata este artículo había una idea fundamental por parte de dirigentes políticos y sociales de nuestra ciudad que venía del gran Domingo Faustino Sarmiento: la necesidad de fomentar el desarrollo de las bibliotecas populares como parte de un programa pedagógico que conduciría a la sociedad por el camino de la civilización.

En esos tiempos creían fervientemente que serían -las bibliotecas populares- un complemento perfecto de las escuelas púbicas. Al punto que ambas instituciones serían esenciales en beneficio de la educación de los bahienses como motor del progreso.

Es decir, esta élite dirigencial daba a las bibliotecas populares una función social importantísima y TODOS los dirigentes sin importar colores políticos trabajaban JUNTOS por la propagación del conocimiento asentado sobre la construcción de una red institucional de bibliotecas en la cual la Biblioteca Rivadavia ocupaba el lugar central.

Parece que en esos tiempos a los dirigentes políticos realmente les interesaba el progreso.

En este contexto, la creación de bibliotecas populares fue asumida como un deber moral de las élites ilustradas de nuestra sociedad y como una muestra de su vocación pública.

Y lo fueron logrando.

Los índices de analfabetismo bajaban. A ritmo lento pero bajaban los índices. Se habilitaban nuevas escuelas primarias. El número de maestros aumentó. Se inauguraron de los colegios secundarios y se multiplicación de medios de prensa que, junto a la revitalización de la actividad teatral, artística y literaria, la creación de centros recreativos y el surgimiento de entidades con fines específicos, contribuyeron a modificar el perfil cultural de la ciudad transformándola en un punto de referencia para la zona sur del país.

Asociación Bernardino Rivadavia de Bahía Blanca

Un grupo de vecinos distinguidos acordó crear una asociación con objetivos específicamente culturales destinada al sostenimiento de una biblioteca popular en el centro urbano.

Liderada por una élite que congregaba profesionales y sectores ligados a la economía agroexportadora vinculados a distintas agrupaciones políticas, la entidad nació como factor de modernización cultural.

En este sentido, la Asociación desarrolló, con mayor o menor éxito, diferentes programas que involucren a distintas instituciones de la comunidad.

En primer lugar, se planteó una extensión del conocimiento a partir de la reglamentación de la biblioteca circulante y de establecer con agrupaciones locales que se convertían en asociaciones adherentes de la Rivadavia.

En segundo término, se propició la ocupación del espacio público mediante la instalación de cartelería en las calles, la realización de disertaciones al aire libre y la puesta a disposición de los libros en la plaza.

Por último, se organizaban conferencias y muestras artísticas en espacios cerrados, como los cines o la misma sede bibliotecaria, para atraer a un público creciente y educarlo de acuerdo a los parámetros de la cultura considerada legítima.

Iniciadas durante las primeras décadas del siglo, estas propuestas se consolidarían a partir de 1930 cuando, gracias a la apertura de un teatro y de salas de exposición propias y a la modificación estatutaria, la ABR se transformaría uno de los principales espacios de exhibición de la ciudad.

¿Quiénes formaban parte de esta idea?

Nos van a sonar porque muchos de ellos llevan el nombre de calles de Bahía Blanca. Es decir, en honor a lo que significaron para la ciudad, muchas calles llevan su nombre. Así está mejor dicho.

El proyecto de creación de la Asociación Bernardino Rivadavia surgió a partir de un grupo que, bajo la denominación de El Mentidero, sreunía en el café de Molina -y luego, en el de Lamberti– y en la habitación particular de Casanova, anexa a la escuela elemental de varones que él dirigía.

En él se encontraban, entre otros, Eliseo Casanova, Felipe M. French, Pedro Rafaelli, Luis J. Viale, Lorenzo Temossi, Octavio Zapiola (hijo) y Felipe Caronti Casati, además de a Luis C. Caronti, Juan Casaubón, Daniel Aguirre y Daniel Cerri.

El acta fundacional establecía que la sociedad tendría como objeto principal la creación y el sostenimiento de una biblioteca popular de acceso público con una colección “lo más variada posible y para que todo el vecindario, sin exclusion de nacionalidad alguna, pueda instruirse en lo que mas le plasca”.

Ligados a la docencia y al periodismo, profesionales algunos de ellos, militares y funcionarios del organismos oficiales como el Registro Civil o el Consejo Escolar, otros, los miembros de la entidad concebían a la biblioteca como un instrumento complementario al servicio del programa educativo nacional que, desde la implementación de la Ley 1.420, se centraba en la expansión de la escuela pública y que asignaba a las élites letradas un rol fundamental en la formación de los sectores populares y, por lo tanto, de la ciudadanía.

Unos verdaderos fuera de serie!!

Fuente: “A puertas abiertas. La Asociación Bernardino Rivadavia de Bahía Blanca: reformismo, distinción social y configuración urbana” (1882-1930) de María de las Nieves Agesta

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